El negocio de la felicidad

Hoy en día la felicidad parece estar al alcance de nuestra mano; miles de libros con recetas mágicas para ser felices, cursos y terapias alternativas prometedoras de una felicidad plena, información a raudales a cerca de diferentes pasos para conseguir ser felices y, sin embargo, parece ser que somos más infelices y que estamos menos conformes con nuestras vidas que nunca.

En la actualidad seguimos creyendo que la felicidad es algo que depende de factores externos a nosotros mismos, algo que si tenemos suerte podemos tener y sino no, “Si tuviera una pareja que me quisiera”, “Si tuviera mucho dinero”, “Si tuviera un buen trabajo”, “Si estuviera delgado/a” o que la felicidad consiste en la ausencia de problemas, siendo esto algo prácticamente imposible al menos en periodos prolongados de tiempo, sin embargo, los estudios demuestran que el concepto de “felicidad” no hace referencia a elementos materiales y/o situaciones ajenas a nosotros sino más bien a un estado mental, a una actitud o ambiente mental determinado.

Hace unas décadas la auténtica felicidad era poder alimentar a tu familia, tener trabajo, un hogar, acceso a un médico; hoy en día esto se queda corto, quizás por los avances sociales y tecnológicos que tanto nos facilitan la vida y también, como no, por el negocio que estos permiten y si, hemos hecho de la felicidad un negocio (libros, talleres, fármacos, películas, documentales, etc.); ya no vale con trabajar, ahora hay que aspirar a ascender puestos, ya no vale con conformarte porque si lo haces es que no sales de tu “zona de confort”, en definitiva, la sociedad presiona por llegar al summum de la felicidad sin entender muy bien en qué consiste, materializándola como si de algo que se pudiera comprar se tratara e idealizándola hasta puntos prácticamente inalcanzables.

Lo primero que tenemos que entender es que la felicidad no es un sentimiento continuo y permanente de alegría o ilusión, que no se trata de estar contento todos los días de nuestras vida ni mucho menos a todas horas; la felicidad se trata de un estado mental, un “cóctel” hormonal que nos sitúa en una sensación de tranquilidad, de serenidad, agradecimiento y alegría respecto a la vida. Al hablar de un estado o actitud mental hablamos también de algo que podemos más o menos entrenar, ¿Suena raro? Hagamos un poco de reflexión sobre ello;

La psicología cognitiva ha estudiado durante muchos años – y estudia –  la relación entre nuestros pensamientos y nuestras emociones, llegando a la clara conclusión de que nuestros pensamientos tienen un papel primordial en nuestra vida ya que son los desencadenantes de nuestras emociones, vamos a poner un ejemplo; Imaginaos dos personas que están buscando trabajo, la persona A piensa “Que asco, estoy harto de esta crisis, no hay nada de trabajo, no me va a salir nada, todo se lo llevan los que tienen enchufe, da asco como estamos en este país respecto al trabajo, qué va a ser de mí, los inmigrantes bien que se les da de todo, y a mi??”, la persona B piensa: “No tengo trabajo, necesito establecer un plan para buscarlo, por la mañana me apuntaré a la escuela de idiomas ya que tengo tiempo y de tarde me dedicaré cada día a llevar currículums a las empresas de mi alrededor, también voy a ir al paro porque me consta que hay varios cursos que pueden ser de mi interés y quizás me salga algo por ahí”. La pregunta es, ¿Crees que estas dos personas se sienten igual de bien? Posiblemente la persona A tenga un coctel de sentimientos y emociones de rabia, tristeza, ira, desesperanza e irritabilidad, mientras que la persona B tenga una emociones más relacionadas con la energía, la motivación, la lucha o la fortaleza mental, mucho más en consonancia con el ambiente mental desencadenante de la sensación de bienestar mental.

Nuestros pensamientos determinan nuestra forma de sentirnos y de ver la vida, por eso la psicología y los psicólogos en general centramos nuestras terapias en intentar enseñar a las personas una nueva forma de pensar, una forma de intentar dejar de ponerse siempre en lo peor y acudir una y otra vez a pensamientos catastrofistas y recurrentes y empezar a generar pensamientos más positivos y más objetivos como la principal vía para lograr encontrarnos bien con nosotros mismos. Por otro lado no podemos olvidarnos de las creencias a cerca de la vida que tenemos como papel fundamental en nuestras sensaciones de felicidad o no felicidad, me explico; si tengo creencias muy tradicionales y en un momento determinado de mi vida empiezo a sentir cosas que se salen de lo acordado en relación a mis creencias, esto nos va a generar sentimientos contradictorios y emociones encontradas que nos van a alejar de la tan ansiada felicidad.

En definitiva, debemos aprender y aceptar que la felicidad no es aquello tan idílico que nos quieren vender de diversas y amplias formas, sino más bien un estado de tranquilidad y paz mental la mayor parte de nuestro tiempo que nada – o poco –  tiene que ver con lo material, lo que hace que muchas veces ya seamos felices pero no nos demos cuenta o no seamos capaces de identificarlo porque estamos esperando continuamente sensaciones mucho más placenteras. Recuerda que tus pensamientos son solo eso, pensamientos, y que no necesariamente son reales, ¡No te creas todo lo que piensas!

Natalia Mata

Nºcolegiada: O-02918

Nº Registro sanitario: C.2.2/5814

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